febrero 16, 2018

CONVOCATORIA REVISTA ÚSTELEE No 5

La Revista Ústelee, Hojas para reciclar, nació como un proyecto encaminado a no dejar morir la palabra agonizante. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos fueron intentos por decir algo y no hay que olvidar que toda obra nace con esa misma pulsión.
Durante cuatro entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos en los cursos, inicialmente del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes; luego se amplió su rango y entraron a participar estudiantes del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana del Instituto de Educación a Distancia y en el último número participaron estudiantes de varias facultades, incluso de Centros de Atención Tutoriales de distintos territorios en donde la Universidad del Tolima hace presencia con su modalidad a distancia.
Hoy abrimos la apuesta para la construcción de la quinta entrega. Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 15 de marzo de 2018. Para revisar cada una de la sesiones y sus respectivos tipos de textos, dejamos los links en donde encontrarán los cuatro número anteriores. Contamos con su participación porque estamos convencidos de que Ústelee…

enero 24, 2018

SOCIEDAD MACHISTA EN SHOCK

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Estaba reuniendo notas para escribir un artículo sobre el tema del acoso sexual en las redes sociales cuando irrumpió la noticia sobre la violación que denuncia Claudia Morales y que luego se ha ido tornando en el epicentro de las miradas del país. Es obvio que el artículo en mención quedó estancado porqué empecé a seguir el nuevo tema, que igual guarda bastante relación con mis preocupaciones iniciales.
El artículo de Claudia Morales se publicó el diecinueve de enero y tres días después, cuando Paola Ochoa publicó su columna “Rompiendo el silencio”, una amiga periodista y profesora de la Universidad del Tolima, me llamó entre alarmada e indignada a preguntarme, por qué semejantes declaraciones no lograban mover la masa de opinión del país. Tenía razón. Ahora veo con claridad que la masa informada quedó en shock y la gran masa desinformada espera aún que los medios oficiales digan algo, para ellos enterarse y repetir «ese algo». Seguí indagando, revisando el Twitter, los muros de Facebook, leyendo columnas aquí y allá, y, sobre todo, revisando los cometarios de la gente del común que pasa y deja su huella sociocultural en redes, esquinas y cafetines. Ahora esbozaré mi opinión.
Lo que denuncia Claudia Morales no es un hecho propio de la ficción, al contrario es un suceso muy cotidiano en nuestro mundo de finales del siglo XX y lo que va de este asfixiante XXI. Lo sé porque crecí en una cultura machista, en una sociedad en donde ese tipo de comportamientos son “normales” y, además, porque soy hombre. Pero cuando se enuncia, de la manera en que lo hizo Claudia Morales, la gente lo asume como un relato de “otro mundo”, como si eso no ocurriera, voltea la mirada o entierran la cabeza en la tierra.
Que un poderoso (y macho) abuse de su poder para acosar, intimidar e incluso violar, es tan cotidiano que al parecer muchos no lo consideran ilegal, sino parte de una cultura que, no solo aceptan, sino que en muchos casos alaban. Cuando una sociedad carece de constructos críticos sólidos, los poderosos son como dioses y a los dioses se les adora o se les odia, pero siempre se les temen porque son capaces de decidir tu destino. El miedo es el combustible que perpetúa el reinado de los tiranos, sin el miedo el poder de desvanecería entre las manos de los gobernantes, ellos lo saben y lo aplican desde tiempos inmemoriales. Hoy más que nunca queda demostrado que ese Él que aparece como figura de poder, macho y violador, supo gestar en Colombia un reinado de poder y miedo.
De los adoradores de este falso dios (que pronto caerá en una definitiva desgracia), no se puede esperar más que ciegos argumentos a favor, alabanzas, loas y sacrificios en su altar. Pero que los contradictores también guarden un disimulado silencio habla del miedo que permea la sociedad colombiana. Claro, aún siguen matando líderes sociales, le siguen disparando al diferente, siguen impunes los delincuentes de cuello blanco, los amigos de Él siguen impidiendo que Él pague por sus más que claras fechorías. En ese contexto ¿Quién hablará? ¿Cómo pedirle a Claudia Morales que señale con su dedo índice al violador? Este es el momento para que una sociedad en tránsito de transformación le demuestre al mundo que es capaz de darle un verdadero significado a la palabra Justicia.
Hace muchos años Enrique Dussel me hizo entender (en su recomendable libro titulado Liberación de la mujer y erótica latinoamericana), que la mujer está doblemente oprimida, porque el sistema oprime al hombre y la mujer y el hombre además la oprime a ella. Y esa opresión sistemática se refleja aún, de manera rampante, en el silencio que la sociedad colombiana guarda ante este suceso. El caso de violación que denuncia Claudia Morales no fue perpetrado por un simple hombre, ese macho encarna el gran poder que ha tenido postrada la sociedad durante las dos últimas décadas, con la complicidad de gran parte de esa misma sociedad. Resultado: asombro, miedo y shock, en ese orden.

Solo queda un camino, el de generar un efecto dominó que permita hacer visible más hechos perpetuados por Él y sus secuaces, de tal manera que el evento denunciado sea innegable. Ya veremos si la justicia oficial es capaz de condenarlo a Él, pero esperemos que al menos como sujetos sociales podamos superar el shock y entender que esta no es una ficción, sino una cruel realidad.

enero 20, 2018

ENSEÑAR HISTORIA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

El 29 de diciembre, mientras muchos colombianos se ataviaban para recibir el año nuevo y su pírrico aumento del salario mínimo, la Revista Semana desplegaba un artículo titulado ¡Vuelve la historia a los colegios!, celebrando la sanción de la ley presidencial que obliga a retornar la enseñanza de la Historia en los planes curriculares. Escuché muchas voces de celebración al respecto, las redes sociales (el nuevo lugar de las enunciaciones) aclamaron este suceso y luego todo se esfumó, porque el país produce más noticias, sobre todo escándalos de corrupción.
Fue por allá en 1994 cuando, durante el Gobierno de Gaviria, la enseñanza de la Historia salió de los currículos escolares, aunque en las universidades, sobre todo las públicas, siguieron sobreviviendo programas cuyo epicentro epistémico es el estudio de los sucesos pasados. Italo Calvino dijo alguna vez que: “Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible”, y eso ya es un gran motivo para que lo que sucedió sea objeto de análisis y reflexión constante por parte de una sociedad. No obstante, este hecho me generó dos preguntas: ¿Quiénes van a enseñar Historia? ¿Cuál visión de la Historia van a trasmitir los docentes?
En el primer caso, hay que recordar que en la mayoría de los colegios, sobre todo en donde se “educa” el pueblo, las asignaturas se orientan, no por expertos, sino por docentes que deben sobrevivir en un mundillo que les exige “enseñar” de todo por el mismo salario. Un licenciado en Lengua, por ejemplo, termina orientando Matemáticas, Ciencias Naturales, Ética, Religión y cualquier otro cursillo de Emprendimiento (la nueva religión). A esto está obligado el docente, es la única manera de sobrevivir en ese precario espacio llamado escuela, pública o privada. Por lo tanto, imaginamos que en estos momentos muchos rectores estarán embutiendo el currículo de Historia en las nuevas obligaciones profesorales para el 2018. ¡Cuánta falta hace una reforma de la profesión docente para que este país emprenda, por fin, su transformación!
En el segundo caso, la preocupación pasa por saber cuál es la versión de la historia que van a trasmitir los docentes. La que se enseñó, hasta antes de que se aboliera de los planes de estudio, era una Historia muy mal redactada o más bien, muy acomodada a los intereses de unas élites que les concernía mantener un relato único de esas pasadas y atroces cosas que nos fueron construyendo (o deformando) como país. Era el relato de los buenos colonizadores con sus caras barbudas y sus monumentos en las plazas de las mil ciudades colonizadas; de unos presidentes encumbrados cuando apenas fueron, en su mayoría, truhanes y matones; de elogios a periodos de la historia de Colombia que fueron años aciagos de ascenso de esa clase politiquera y corrupta que sigue vigente en el poder; de mentiras, de falsos sucesos, de ocultamientos y olvidos premeditados. En fin, la Historia que nos enseñaron antes de 1994, era un relato erróneo de nuestra existencia, un poco trasgredida por esos docentes que se negaban a contarla así y, de alguna manera, la alteraban en las aulas, por eso muchos eran considerados peligrosos. Después de los noventa, la historia está casi toda por escribirse y muchos creen que Uribe y Santos son los únicos truhanes que han llegado al poder, cuando la tradición de Colombia ha proporcionado miles.

Por eso, ahora cuando se plantea volver a enseñar Historia, es necesario entender que la primera obligación radica en que los docentes la conozcan, que el Estado sea responsable y por fin se comprometa con la construcción de un Sistema Educativo Nacional a la altura de nuestros sueños (reto para el próximo presidente). Quizás, de esa manera, impediremos que los relatos de personas como María Fernanda Cabal sean los contendidos curriculares que los niños reciban, y así, evitar que nuestras futuras generaciones crean que la masacre de las bananeras es un cuento de Gabo, que Pablo Escobar era un sacro benefactor, que los falsos positivos fue un Reality, que Uribe era un mártir y que Santos era un gran estadista. Por eso, bienvenida de nuevo la enseñanza de la Historia en las escuelas, pero como decía Oscar Wilde: “El único deber que tenemos con la historia es reescribirla.”

diciembre 11, 2017

INCENDIES, CUANDO EL PASADO ARDE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD -UT

En el año 2003, Wajdi Mouawad, autor dramático canadiense de origen libanés, estrenó Incendies y como sucede en el mundo del arte, su impacto se limitó a un pequeño grupo de expertos que la calificó como una obra maestra contemporánea. En algunas partes se conoció la misma con el título La mujer que cantaba. Años más tarde (2010) el director de cine canadiense Denis Villeneuve, la presentó en el celuloide logrando un impacto mayor; tanto así que fue nominada a los Premios Óscar en la categoría de mejor película extranjera, el cual no ganó, pero sí dejó una huella imborrable en el público que cada vez es mayor.
La historia, viniendo del teatro, tiene una clara estructura narratológica de tragedia. Lo primero que impacta es la banda sonora de Radiohead, esa agrupación que supo llevar la tristeza del nuevo siglo a sus más altos acordes. El tema melódico central es You and whose army, y desde allí el espectador sabe que, al ver las primeras escenas de la película, estará sometido a un relato sobre la atrocidad de la guerra. La sinopsis de la película la refleja muy bien el sitio filmaffinity:
Jeanne y Simón Marwan son dos gemelos que viven en Canadá cuya madre Nawal, tras pasar sus últimos días sin hablar, acaba de fallecer. En el acto de apertura del testamento, el notario les da dos cartas que deben ser entregadas a un padre al que creían muerto y a un hermano cuya existencia desconocían. Jeanne decide entonces emprender un viaje al Líbano para intentar localizarlos y encontrar respuestas a su existencia, pero Simón no quiere saber nada del tema.
Y en esa búsqueda ese par de adolescentes van a descubrir, junto con el espectador, los más grandes horrores y misterios de la guerra. El pasado viene como oleadas de asombro y dolor para recrear los tiempos de la confrontación religiosa del Líbano que se dio entre grupos cristianos y musulmanes, iniciado una cruel desolación en 1975, la cual se extendería hasta 1990.
La huella imborrable de las atrocidades que genera la guerra logra que las creencias se vuelven dogmas y los dogmas muten en barbarie. De esa manera, las imágenes van cruzando vertiginosamente ante los ojos del espectador, bien ambientadas en un paisaje desolado, hambriento, sofocante y lleno de retratos dolorosos que nos recuerdan la idiotez de los conflictos bélicos. Nawal Marwan, la protagonista, cruza los senderos del sufrimiento, de la intolerancia racial y religiosa, padece el horror y se convierte en horror para llevar a cabo la venganza que, en cada giro, genera más violencia, hasta cercarla en una vida construida con cimientos de ira. Por eso antes de morir enmudece, porque descubre que la atrocidad siempre puede ser mayor y el legado que le deja a sus hijos, nacidos del horror, es la posibilidad de que en esa búsqueda de su pasado curen sus almas y superen el eslabón de la ira.
Al final, como un compungido asistente, uno no sabe ni puede diferenciar entre buenos y malos, porque todos los personajes están cruzados por el dolor, por la venganza, por el odio inadmisible que generan las creencias. La luz de esperanza surge cuando esa nueva generación sea capaz de recorrer los viejos caminos y superar las delgadas líneas que hacen de una creencia el parto de la barbarie.
Incendies, es una película necesaria para volver la mirada al pasado de la guerra y sus estragos y, mediante la elaboración de evocaciones, entender los absurdos de lo humano que sacrifican su esencia por relatos banales. Qué bueno verla en estos tiempos colombianos cuando algunos persisten en anclarse al pasado de las armas y sus sandeces. Tiempo cuando el pasado arde.
Referencias bibliográficas
FILMAFFINITY. (2011). Qué dice la crítica. Disponible en: https://www.filmaffinity.com/co/film551964.html
MOUAWAD, Wajdi. (2003). Incendies. Coedición Leméac/Actes Sud-Papiers. Edición española de Eladio de Pablo publicada por KRK.
RADIOHEAD. (2001). You and whose army. En: Amnesiac. EE.UU: XL Recordings

VILLENEUVE, Denis. (2010). Incendies. Canadá: TS Productions.

diciembre 05, 2017

EL PODER DE LA PALABRA

En el II Concurso nacional universitario de microrrelato 2017, convocado por la Universidad EAFIT, destacan como uno de los 8 trabajo seleccionados un minincuento de mi autoría el cual comparto aquí:

El poder de la palabra
Aldemar nunca creyó en el poder de la palabra, para él las frases eran solo vacíos en el vacío, murmullos carentes de autoridad. Nada más le agradaba que lo concreto y, según él, el lenguaje era muy ambiguo.
La noche que fue detenido, como sospechoso de dar refugio a un rebelde, firmó el formulario de la comisaría con su puño y letra. Alegó que lo confundían y pensó que todo se aclararía pronto.
Durante los dos meses que estuvo en los calabozos de la Sexta Brigada, guardó la esperanza de que los gobernantes reconocieran el marco de su ideología. Odiaba los discursos de cambio, ellos deberían notarlo en sus pesquisas. Sin embargo cada tres días era torturado, aunque no tenía nada que “cantar”.
Pasaron los meses. Las batidas aumentaron en la misma proporción que la resistencia. Pronto los calabozos estaban saturados. Aldemar ya no era útil. No tenía nada que decir. El comandante firmó la orden.
De pie frente a los cuatro soldados Aldemar reiteró su inocencia. Entonces entendió el poder de la palabra, justo cuando escuchó al comandante, sin ambigüedad, gritar:

-¡Alisten, apunten, fuego!

diciembre 04, 2017

PRESENTACIÓN REVISTA ÚSTELEE, HOJAS PARA RECICLAR No 4

Bitácora de los recolectores
Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Coordinador Editorial

Escribir a pesar de todo, esa es la consigna. El mundo en crisis, el continente devastado por la crisis, Colombia al borde del colapso por la crisis, la ciudad intentando superar la crisis y la Universidad del Tolima, como el ave fénix de lo público, queriendo resurgir de las cenizas de una hoguera que la condujo al extremo de la crisis. Y en medio de los escombros, la palabra.
Y mientras afuera todo parece derrumbarse, adentro de las aulas algo fluye. Se escribe para el curso, se escribe en los bordes de las agendas, se escribe sobre los pupitres, se escribe en los muros virtuales de las nuevas multitudes de mutantes de mensajes de texto. Y luego se borra, se arruga el papel en el puño de la mano que pronto lo condenará al olvido, se rompe y se lanza al vacío de una indiferencia letal que mata los minutos del escribiente. Antes se escribía para ser recordado, ahora parece escribirse para el olvido.
Aun así, los textos se van compilando. Los pocos recicladores que sobrevivieron a la crisis o que aún no se han marchado a buscar otras crisis, siguen en la tarea noble de contrarrestar el olvido. Rebrujan entre los arrumes de textos cotidianos y hallan muchas palabras, fonemas curativos, enunciados airosos, frases sobrevivientes, párrafos sentidos… entonces por un momento se encienden de nuevo las teas y desde el fondo del mutismo del día a día se escucha el clamor: Debemos continuar a pesar de la crisis, la palabra siempre ha sobrevivido a ella.
En esa estamos, por ahí nos vemos y seguiremos insistiendo porque vivimos convencidos de que Ústelee…
VERSIÓN DIGITAL: AQUÍ
Posdata: Por ahora degusten la versión digital. En el 2018, si la crisis lo permite, intentaremos tener una versión impresa.

noviembre 28, 2017

La Universidad del Tolima de nuevo en el remolino de los grupos de poder

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD – UT

La mediocridad es la peor discapacidad
Nick Vujicic
1.
En el año 2012, el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) elaboró un listado de aspectos deficientes encontrados en la Universidad del Tolima, entre ellos se citaba la desactualización de sus documentos normativos; es decir, el Estatuto General (1993), el Estatuto Profesoral (1995), el Estatuto de los Estudiantes (1996), sin mencionar que no existía Estatuto de Contratación y que la normatividad vigente era, y sigue siendo, un entramado de duplicaciones y contradicciones legales. Hoy, 5 años después, continuamos con los mismos problemas y aún es imposible lograr que el Consejo Superior Universitario (CSU) tome decisiones que ayuden a modernizar la institución y de paso, le permita acceder a la tan requerida Acreditación Institucional.
Lo más extraño de todo es que en el Consejo Superior tienen asiento las delegadas del Ministerio de Educación Nacional (Raquel Díaz) y del Gobierno (Maribel Córdoba). Es decir, ellos desde sus entes de control educativo exigen cambios en la UT, pero sus comisionadas se oponen a las medidas. Valdría la pena preguntarles a estas dos damas si la apuesta para la salida de la crisis sigue siendo la intervención por la vía de la Ley 550 o Ley de Quiebras. Esa fue su propuesta en el periodo de Herman Muñoz, que gracias a la Huelga de hambre se pudo detener, aunque hoy parte de la comunidad universitaria lo haya olvidado.
2.
Hay una alianza perversa por mantener la Universidad del Tolima sumida en el atraso y de ella hacen parte las mencionadas damas delegadas del MEN y del gobierno de Juan Manuel Santos, el gobernador del Tolima, Oscar Barreto, y algunas facciones internas de la UT, encabezados por las huestes viudas del poder de Muñoz Ñungo que sueñan con que nada cambie, para así volver con sus discursos sectarios a retomar las riendas. En esa alianza se encuentran cómodos, porque a ninguno de esos sectores les interesa algo más que sus grupos de poder y sus cuotas burocráticas. Se parecen tanto. La universidad que se tambalea hoy es fruto de todos esos gobiernos, es lo que pueden mostrar como resultado de muchos años en el poder.
Uno de los síntomas de esta alianza se evidencia en el CSU, en donde esos sectores, representados en Raquel Díaz, Maribel Córdoba, Olga Lucía Alfonso y Carlos Montealegre, ponen palos en la rueda, dilatan y rebuscan leguleyadas, todo con el fin de impedir que la transformación normativa, académica y curricular de la UT llegue a buen puerto. El mismo Vicerrector Académico, Oscar Iván Cortés, alfil del barretismo y protegido de Olga Lucía Alfonso, ha utilizado su cargo como espacio de enfriamiento de la reforma estatutaria, cuando esta dependencia debería ser líder de la misma, debido a que por funciones le corresponde dar cuenta del eje de excelencia academia presente en el vigente Plan de Desarrollo.
3.
Lo lamentable es que todos esos actores son pasajeros, pero la universidad debe sobrevivir a ellos. Nada ha aportado el MEN y su delegada a la superación de la crisis de la UT. El barretismo también se irá, como se fue Delgado Peñón y su séquito dejando la UT al borde del precipicio, no olviden que los politiqueros de la región tampoco son eternos. Oscar Iván Cortés saltará a algún cargo burocrático del departamento, en eso es experto. El profesor Carlos Montealegre volverá a la base a padecer lo que no ayudó a transformar, o pedirá una comisión como lo hizo Germán Calderón, el anterior representante de las Directivas Académica; y así, cada uno evadirá la responsabilidad, mientras la cotidianidad académica de la UT se hunde en una nueva época de incertidumbre y riesgo de inviabilidad. He ahí unidos a liberales, conservadores y hasta supuestos “militantes de izquierda”, para que nada cambie en la UT. ¿Por qué? Porque ellos se han repartido la universidad como en una especie de Frente Nacional y mientras puedan seguir haciéndolo, ¿para qué cambiar?
4.
Y los profesores que han esperado pacientemente que la Universidad del Tolima vuelva a sentir que lo académico es lo primordial ¿qué estarán pensando? Más de cuarenta docentes asumieron responsabilidad de cargos directivos, además de seguir dando clases; muchos han aplazado sus comisiones de estudio, otros no han podido viajar a socializar sus investigaciones o lo han hecho con recursos de sus propios bolsillos, bastantes derechos académicos has sido “aplazados” con el fin de contribuir a superar la crisis, pero ¿este muerto lo deben cargar solo sus hombros? No hay que olvidar que la Asamblea General de Profesores condicionó el apoyo a la actual gestión con base en un Plan de trabajo de once (11) puntos, entre ellos el de llevar a cabo las distintas reformas de la UT ¿qué pasará entonces?
5.
Mientras tanto la academia sigue padeciendo los rigores de la falta de recursos financieros, pero para la mayoría, mientras exista un exiguo dinero para el pago de las nóminas, ya es suficiente. A pocos les importa que los índices de investigación caigan, que los programas requieran una actualización curricular, que se deba fomentar la creación de nuevos programas, que la oferta académica no se recupere, que no haya dinero para la cultura, que el campus requiera mantenimiento y una nueva infraestructura, entre muchos aspectos más. Quizás cuando, por todos los actos irresponsables descritos en este artículo, reaparezca la falta de dinero en sus cuentas, volverán a sentir que la UT necesita cambiar urgentemente.
A este ritmo el año entrante retornaremos a los escenarios de comienzo de año de 2016, mientras el Ministerio y sus mediocres delegados se relamen los bigotes por intervenir la Universidad de los tolimenses.
6.
Nota breve merecen ese grupito de sayones que viven proclamando que toda la crisis es culpa de ASPU. Para ellos solo una frase de Mahatma Gandhi: “Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo”.
7.
No olviden la frase de Nick Vujicic.
***
Posdata: La señoras del Ministerio y Gobierno ya traían en sus carpetas burocráticas un candidato para la rectoría. Ojalá algún día trajeran recursos. ¿Alguien me puede ayudar a confirmar su nombre?


noviembre 07, 2017

CUANDO LA UNIVERSIDAD SUCEDE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD-UT

Atrás quedaron las épocas irresponsables, (que muchos ya olvidaron) cuando la Universidad del Tolima se daba el lujo de organizar eventos a diestra y siniestra, traer egresados a festines con conjunto vallenato a bordo, entregar lapiceros y agendas por miles y gastar la plática en helados. Ahora toca, como decía un antiguo Vicerrector Administrativo: “raspar la olla”.
Aun así, por estos días, la Universidad del Tolima ha vuelto a suceder, ha vuelto a acontecer. En medio de la espera a que se tomen las medidas definitivas para que su estabilidad financiera sea una certeza, se han convocado una serie de eventos académicos liderados por diversas Unidades Académicas, Facultades y colectivos, que sin duda alguna han realizado un esfuerzo extraordinario por dar cuenta de ese mundo que genera miradas de optimismo en la comunidad. Estos son algunos de esos sucesos:
La Facultad de Ciencias Humanas y Artes organizó la celebración de su noveno aniversario, con una serie de actividades que incluso iniciaron el 18 de octubre, pero que tuvo su fuerte en la semana del 30 octubre al 3 de noviembre. Paz, posconflicto y artes fueron los ejes centrales, que igual agrupó conferencistas, lanzamiento de libros, muestras documentales, entre muchas actividades más.
El día 31 de octubre, se dio apertura a la celebración de la XVIII Semana de la Facultad de Ciencias y la conmemoración de sus 20 años de existencia. El evento contó con muestras artísticas y conferencias centrales, las cuales se extendieron hasta el viernes 3 de noviembre.
El jueves 2 de noviembre se dio apertura al Primer Simposio de Estudios Literarios, evento coordinado por el Semillero de Investigación Epelila y el grupo de Investigación Argonautas, los cuales unieron esfuerzos de la Facultad de Educación y El Instituto de Educación a Distancia. El evento se extendió hasta el sábado 4 de noviembre, cerrando con el IV Foro de Investigación Formativa del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana; contó con cerca de 65 ponentes, entre los cuales la mayoría fueron estudiantes de  los programas de las Licenciaturas en Lengua castellana y Literatura y Lengua Castellana, así como invitados nacionales. Hubo stand de libros de autores universitarios y  se realizó el lanzamiento de las Revistas Ergoletrías No.4 y Entre Líneas No.5.
El viernes 3 de noviembre, arribaron delegaciones nacionales que asistieron al X Foro de Investigación Formativa el I Internacional del programa Licenciatura en Educación Artística, el cual reunió varias delegaciones de los Centros de Atención Tutoriales (CAT) del Instituto de Educación a Distancia, quienes trajeron muestras de danza, teatro, títeres, música, sala de exposiciones, resultados de proyectos de investigación, stands,  entre muchas más. El evento continuó durante el día sábado 4 de noviembre con variadas muestras culturales e investigativas, al final del día se despidieron las delegaciones.
Ya terminado el puente festivo, la Universidad del Tolima continúa con eventos académicos como la semana de la Agro innovación y el emprendimiento, a realizarse entre el 7 y el 10 de noviembre, la cual está organizado por la Facultad de Ingeniería Agronómica. Así mismo, se llevará a cabo la XIV semana de la Facultad de Tecnologías, entre 8 y 10 de noviembre, con la participación de conferencistas, desarrollo de talleres, trabajos de Semilleros de Investigación y presentación de trabajos de tesis de grado.
Del mismo modo, el día 8 de noviembre se llevará a cabo la Tercera Feria Agroecológica de la Universidad del Tolima, evento convocado por el programa de Ingeniería Agronómica, el Semillero de Investigación Bisagras y estudiantes de Agroecología.
Finalmente, con la celebración de los 50 años de existencia del Museo Antropológico de la Universidad del Tolima, se ofrecerá el Seminario museos, colecciones científicas y patrimonio cultural, los días miércoles y jueves 8 y 9 de noviembre.
Como se puede inventariar, son muchos los eventos (quizás algunos se me queden sin referenciar), los saberes, muestras culturales y científicas que la Universidad del Tolima ha venido, y viene, ofreciendo en este noviembre fructuoso; eso pasa cuando la universidad sucede, cuando la comunidad es consciente que más allá de las diferencias, los conflictos y las crisis, la universidad pública tiene un sentido concreto: EXISTIR.















octubre 24, 2017

¿Y LA ACADEMIA QUÉ?

Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
La sensación que trasmite la Universidad del Tolima es que, a pesar de la crisis financiera, se han podido sostener los indicadores académicos, los cuales debido a un efecto de permanencia en el tiempo, aún sobreviven por procesos que se venían gestando de tiempo atrás.
No obstante, las alarmas empiezan a encenderse. Los últimos reportes nacionales permiten evidenciar que se necesita de manera urgente un liderazgo académico por parte de la alta dirección de la universidad, liderazgo que no se observa en cabeza de quienes ostentan esa responsabilidad.
En la clasificación reciente de revistas indexadas no hay ni una sola perteneciente a la comunidad UT, mientras las publicaciones de difusión intentan conseguir algunos pesos para no morir. ¿Qué pasó con la política de revistas? En la actual clasificación de grupos de investigación (2017) aún podemos darnos por satisfechos, pero si la dinámica de inversión, apoyo a nuevos grupos y convocatorias a proyectos no evoluciona, pronto la tendencia será al descenso.
Los indicadores no se mantienen por sí solos, necesitamos profesores escribiendo, publicando, asistiendo a congresos, participando en eventos internacionales, entre muchos aspectos más que hoy se hacen a cuenta gotas. Estas actividades generan los productos académicos que luego soportan los procesos de acreditación de los programas de pregrado y posgrado. La política de publicación de libros lleva más de dos años estancada. No queda más que preguntar: ¿En dónde anda el Vicerrector Académico, Oscar Iván Cortés, que no está jalonado estas acciones propias de su cargo?
Otro aspecto vital, para la posibilidad de solventar definitivamente la crisis, es la reforma académica. Se requieren urgente estos derroteros institucionales actualizados, eso es una verdad de Perogrullo. Pero no vemos al equipo académico de la UT, en cabeza (de nuevo) del Vicerrector Académico impulsando las mismas. Se les ha dejado solo a los profesores el peso de avanzar en la construcción de los Estatutos Docente y General, mientras se rumora que el Vicerrector tiene otra propuesta de reforma aislada del sentir de la comunidad. La construcción del Estatuto Estudiantil ni siquiera se ha dinamizado para abrir la participación en su urgente revisión y elaboración.
Otro aspecto a contemplar es la posibilidad de avanzar hacia la Acreditación Institucional, debido a la flexibilización actual del Ministerio de Educación quien desea, a toda costa, apoyar a las universidades regionales que poseen los mínimos para acreditarse, la Universidad del Tolima es una de ellas.  Pero insisto, se requiere el liderazgo de un equipo que enfrente esta serie de acciones y actividades que necesitan diligencia, la cual en estos momentos brilla por su ausencia.
Estos aspectos, más las cotidianidades académicas de los programas, los Comités Curriculares y las discusiones sobre las nuevas formas organizativas académicas que le deparan a la Universidad del Tolima, precisan ser asumidas con propiedad; esperemos que el tren no nos encuentre otra vez en la estación equivocada. Que el pasado sirva al menos de ejemplo, porque hace rato que en la Vicerrectoría Académica de la Universidad del Tolima no tenemos una dirección a la altura de los retos.

octubre 16, 2017

RÁPIDOS, FURIOSOS E IRRESPONSABLES

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

El lunes festivo 16 de octubre, en el trayecto Bogotá-Ibagué, los conductores del bus de la empresa Fronteras No 7565, con placas WFL 660, y el microbús Vans No 17045, adscrito a Velotax, con placas SMR 074, protagonizaron una escena no extraña a la cotidianidad de quienes hacemos uso constante de estos servicios de transporte terrestre. El chofer del bus cerró peligrosamente a la Vans, que de no ser por la pericia del conductor y gracias a los escasos centímetros que separaron los dos vehículos, quizás esta nota fuera necrológica. Eran cerca de las 8:30 PM. Descendíamos hacia Melgar.
El conductor del bus de Fronteras siguió ruado, como si nada hubiese pasado. El conductor de la Velotax, en vez de parar y tranquilizarse, emprendió una furiosa persecución, haciendo caso omiso a los pasajeros quienes le pedíamos calma. Durante unos 3 kilómetros asistimos atónitos a una escena propia de Hollywood, pero sin dobles. Varias veces los dos vehículos se emparejaron en el camino y temimos lo peor. Al final la Vans logró superar el bus, los conductores descendieron para constatar un leve raspón de un espejo, magulladura que por unos minutos fue más importante que la vida de 19 pasajeros de la Vans y un conductor enfurecido por la adrenalina de las carreteras.
Todo pudo haber quedado en el anecdotario de mis viajes terrestres, pero luego recordé que este tipo de imprudencia no siempre termina en anécdotas, a veces cobra vidas y genera indignaciones, dolor y lágrimas.  Por eso decidí preguntar en esta nota: ¿Quién regula el transporte público terrestre? Pareciera que nadie, porque a este tipo de imprudencias no documentadas, se le deben sumar otro tipo de anomalías como el mal servicio ¿cuántas veces les han cobrado una “ruta que va directa a su destino”, pero luego paran en todo lados a recoger pasajeros? ¿Cuántas veces los pasajeros deben sufrir por puestos en mal estado, ausencia de aire acondicionado, conductores acelerados para quienes el límite de 80 k/h no existe? ¿Quiénes regulan los precios? En temporadas altas las tarifas se disparan sin que nadie entienda la razón de tal abuso. Y así mil absurdos más que los pasajeros suelen aceptar con estoicismo y que rara vez reportan a las empresas porque la prisa del viaje no lo permite.
Espero que esta nota sirva de algo, al menos de desahogo personal. Eso sí, si los conductores protagonistas de este mal momento se enteran, ojalá entiendan que por este tipo de escenas no premian en los Oscar y que a ustedes, así sean irresponsables, también los esperan en sus casas.

octubre 05, 2017

¿NUEVA CRISIS O DEJÁ VU?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

De nuevo se agitan las aguas en las Universidades Públicas. La alarma fue activada por un viejo problema, que como un tumor convive con el Sistema de Educación Estatal desde inicios de los años noventa, la desfinanciación.
Lentamente las universidades públicas han ido deteriorándose. Física y académicamente. Mientras el sistema mundo, la sociedad y los gobiernos de turno le reclaman mayor impacto, más calidad, mayor cobertura y mejores indicadores, las universidades pasan afujías para cumplir con lo básico del día a día: el pago de sus nóminas administrativas, el salario de los docentes y una poca inversión en infraestructura e investigación.
Las transferencias cada vez son menores, de parte del gobierno central y de parte de los gobiernos locales en el caso de las universidades de corte regional. Por eso muchas andan en el rebusque, sin aumentar el costo el de matrículas, porque allí se forma la población menos favorecida, cerca de 600.000 colombianos.
Poco tiempo para pensar la academia tienen hoy los directivos académicos de las universidades, deben estar hurgando aquí o allá para obtener recursos. El Estado parece desatendido de esta complejidad problemática. ¿Ignora acaso la importancia de un saludable sistema educativo para la reconstrucción del país? Queremos ser un país de punta con una educación de retaguardia. Eso es imposible. Miremos el mundo y obtendremos evidencias.
Hemos sobrevivido durante décadas en un tira y afloje entre las comunidades universitarias y los gobiernos de turno para que asuman la responsabilidad de la educación con todos sus bemoles. Paros, marchas, ceses de actividades, cierres temporales, desmanes, atropellos, muertos, detenidos, desapariciones y mil acontecimientos más hacen parte del inventario de una lucha por sostener la educación de los más pobres. Jamás hemos recibido del Estado lo merecido, siempre hemos trabajado con las uñas. La educación en Colombia ha vivido 200 años de soledad.
Y si al problema de la desfinanciación de la universidad le sumamos los otros: la corrupción, la politiquería, la mercantilización, la desvalorización del saber, la primacía del capital sobre el conocimiento, la cosificación de la formación y muchos otros, llegaremos a la conclusión que la universidad apenas sobrevive y su condición es la crisis permanente.
Por eso hoy cuando nos convocamos de nuevo a defender la Universidad Pública, sentimos que esta crisis ya la hemos vivido. Esto es un dejá vu.

septiembre 29, 2017

CARTA A LOS POETAS

Por: Javier Vejarano Delgado
Ibagué, Colombia, Septiembre de 2017
                                                                     Los poetas pueden decir lo que se les dé la gana
                                                                     que para eso son poetas.
                                                                                                                            X504[1]

Por favor, no más religiosidad, no más apología de los dioses, no más canto a los ángeles… El Universo se expande… quizás haya otro  universo de antimateria “muy más allá del mundo de los astros”[2]. Qué le pasó a ese caminante de la noche citadina, el que descifraba los secretos del país herido, por qué se dejó alienar por el ángel, el diablo y la biblia de los pobres[3]. Para misticismos ya escribió Juana Inés y otras enclaustradas para distraer su agonía: Si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga[4]. Ya los hebreos escribieron su literatura teísta, algunas veces preñada de erotismo: Bésame con besos de tu boca. Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura (descubierta)[5].
Poetas, no más culto lingüístico, palabrero, seudo blasfemo y rimado, al dios y sus consecuencias: “Dios sobra, estorba”: A la izquierda de Dios Padre que sufre de tortícolis…[6].” Soy de los pocos que creen que Dios tomo barro de tu pocilga para hacer al hombre”, “hijos, en el corazón de la cebolla está Dios, decía mi madre para consolarse y consolarnos…[7]
Miren al Cerebro y sus neuronas, miren el miedo del que van a torturar, miren la derrota de su civilización que pudrió el agua, envenenó el oxígeno y quemó las semillas de los frutos…
Poetas no canten  más monoteísmos, ni politeísmos, “quiero catar silencio”[8]. Recuerden: la cuna del hombre la mecen con cuentos, el miedo del hombre…. Ha inventado todos los cuentos.[9]
 Déjenles ese temuco o temilla a los negociantes religiosos, que ellos se enfrasquen con sus falacias.
Poetas, en el espacio conocido no hay lugar para dios.[10] La idea de dios no es necesaria para explicar el origen del universo[11].
Hay que cuidarse, no sea que un día de estos un Poderoso los señale de terroristas por estar disparando palabras, burlando la palabra, chistoseando la palabra sacra… y un sicario atento tome nota…




[1] Jaime Jaramillo Escobar.
[2] León de Greiff
[3] Juan Manuel Roca
[4] Teresa de Ávila
[5] Cantar de los Cantares
[6] Mery Sánchez
[7] Nelson Romero
[8] León de Greiff
[9] León Felipe del Camino. Sé todos los cuentos
[10] Carl Sagan
[11] Stephen Hawking

septiembre 05, 2017

Los ojos de la Universidad del Tolima en las regiones

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD

Cuando hablamos de la universidad pública regional, intuimos que su existencia se justifica porque desde ella se potencia el conocimiento en contexto, el cual impacta positivamente las dinámicas del desarrollo, la construcción de una cultura del saber y el fortalecimiento del pensamiento de los sujetos que allí habitan. No obstante, uno de los reclamos más sentidos que las regiones hacen, a sus universidades, es precisamente la desconexión del mundo académico con el mundo de los problemas “reales” de los territorios. 
Lo anterior, permite evidenciar que precisamente una de las fortalezas que posee la Universidad del Tolima, en esa relación Universidad/Región/Contexto, opera desde el Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) y su oferta de programas de pregrado, especialización y maestría bajo la modalidad de estudio semi-presencial. En el 2017 dicho proyecto cumple 35 años de existencia y la valoración de su impacto, más allá de las fronteras físicas de la Universidad del Tolima, aún está por escribirse.
Por estos días, en medio de la búsqueda de salidas ante la crisis por la que atraviesa la Institución de Educación Superior más importante del departamento, se ha plateado la construcción de nuevos derroteros institucionales, y en esa discusión mucho se ha dicho y bastante se ha especulado en torno al IDEAD, casi siempre sin los fundamentos teóricos y técnicos que se requieren para un debate propositivo. Al final, lo que se concluye es que el proyecto requiere ser fortalecido para transitar por el camino de los nuevos retos, algo cercano a lo que había esbozado en un documento titulado “Reinventar el IDEAD”.
Así las cosas, la presencia en el territorio descentralizado es fundamental para la consolidación de un proyecto de Universidad Pública que potencie la región, la haga objeto de estudio, se retroalimente de sus  saberes, le proponga salidas a sus diversas problemáticas contribuyendo a la consolidación de sus áreas geográficas, políticas, económicas y culturales. Ahí el IDEAD ha sido protagonista durante estas tres décadas y media, sus aportes a la formación superior en los lugares más apartados y desprotegidos cumplen esa función que muchas veces el Estado mismo no ha sido capaz de proveer. Desde allí debe valorase su existencia, su consolidación y su necesaria transformación, porque es innegable que sus retos son altos y el compromiso institucional para tal fin, debe ser de la misma dimensión.
Es así como, por estos días, en el marco de la celebración de la existencia del IDEAD, se reunieron en Ibagué los Coordinadores de Centros Regionales, evento que tuvo lugar los días 29, 30 y 31 de agosto; y que, entre otras cosas, sirvió para recordar la particularidad misma de la existencia de dichos Centros de Atención Tutorial (CAT), como se les denomina actualmente. Desde el interactuar con la región y los sujetos, se puede constatar que allí habita un núcleo de trabajo propicio para su consolidación, solo que a veces se olvida cuál es nuestra misión como universidad pública y nos perdemos en el discurso de los indicadores, que casi nunca miden lo importante. Como lo expresó en el conversatorio Gloria Soraya Arias, una de las Coordinadoras que viene trabajando en las regiones desde los años noventa: “allá (en la región) no pensamos que la universidad está acá, allá somos la Universidad”. Esperemos entonces que, desde el IDEAD y desde la Universidad del Tolima, seamos capaces de leer esas necesidades y apostarle por seguir aprovechando el momento para apuntalar más el proyecto de formación que nos convoca, no en vano, como dice Jordi Pigem: “La crisis es como una vigorizante ducha fría. Una oportunidad para despertar”. 

septiembre 01, 2017

EL PROFESORADO Y LA DEMOCRACIA UNIVERSITARIA


NOTA:
El siguiente texto corresponde a la introducción del documento titulado “El profesorado y la democracia universitaria”, el cual ha sido elaborado por un grupo de profesores activos y retirados, así como algunos egresados de la Universidad del Tolima, quienes a través de un juicioso ejercicio argumentativo, plasman sus ideas acerca de cómo debe ser concebido el concepto “Democracia” en el contexto de una comunidad académica, como es el caso de las Instituciones Públicas de Educación Superior.
Por la importancia de estas reflexiones, en el momento que vive la Universidad del Tolima, publico esta introducción como una provocación a la lectura completa del documento que se encuentra en la red y dejo un link para su fácil ubicación.
Introducción
Durante un prolongado periodo la Universidad del Tolima ha tenido una orientación en su dirección que produce condiciones de calidad y eficiencia académicas y administrativas claramente inferiores a sus posibilidades. El nocivo estilo de gobierno institucional que imperó, y el despilfarro de los escasos recursos, llegaron en años recientes a extremos que produjeron una aguda crisis financiera. De esa final situación es inevitable responsabilizar en primer término al rector de turno y al equipo directivo que lo acompañó en su administración. Por otra parte, no puede exonerarse de culpa a los gobiernos nacional y departamental cuyos representantes en el CSU actuaron en forma negligente y connivente respecto del errado manejo que se dio a la institución.
Sin embargo, hay que insistir en que el rumbo equivocado se fue consolidando desde largo tiempo atrás, con el asentimiento –activo o pasivo– de la mayoría o gran parte de los universitarios, y tampoco puede olvidarse que el rector obtuvo la más alta favorabilidad del profesorado en las consultas que se hicieron en desarrollo de los trámites conducentes a su designación y a su reelección. Y debe resaltarse, además, que durante el largo periodo que ejerció el cargo, un importante sector del cuerpo docente le brindó respaldo a su estilo de gestión, no obstante que ASPU y otros profesores, temprana y repetidamente formularon críticas y alertaron sobre los riesgos de los yerros y las desviaciones en que irresponsablemente se estaba incurriendo; al respecto es necesario seguir haciendo una serena pero aguda y profunda reflexión autocrítica.
Adicionalmente, hay que anotar, que la negativa situación comentada es propiciada por un estado de cosas al que en formas y grados variables han estado expuestas las IES públicas, el cual ha tenido máxima incidencia en la Universidad del Tolima.
El presente texto es un ensayo informal, que centra su atención en las condiciones que predisponen a situaciones como las que ha padecido la Universidad del Tolima y explora ideas acerca de la forma en que el profesorado podría contribuir, en el ejercicio de una democracia deliberativa, para impedir que se produzcan esos extravíos en la marcha institucional. En su mayor parte este escrito consiste en una colección hilvanada de citas pertinentes de publicaciones de estudiosos de los temas tratados. Aunque algunos de esos autores tienen gran renombre en el mundo académico, sus posiciones se proponen para la discusión, pues son susceptibles de controversia y de cuestionamientos desde puntos de vista alternativos.
“La discusión en la academia, por lo menos la discusión que trasciende, que hace historia en la academia, es casi siempre una discusión por escrito” (Mockus, 1987a, p.63). Esta idea2 y la intención de hacer un aporte preliminar al desarrollo de un análisis crítico y una discusión razonada al respecto, han animado este ejercicio de escritura. Aunque los textos consultados son relativamente numerosos, es pertinente destacar tres: el primero es una publicación de la Universidad Nacional, resultado de un estudio sobre gobierno y gobernabilidad en las universidades públicas, realizado por el profesor Víctor Manuel Gómez; este trabajo tiene la importante característica de haber sido realizado por un profesor de la más importante universidad pública de Colombia, por lo que sus agudas anotaciones tienen un plausible sentido autocrítico. El segundo se titula “Ética aplicada y democracia radical”, escrito por la conocida filósofa española Adela Cortina, profesora de ética y filosofía política de la Universidad de Valencia, y autora de una larga lista de publicaciones. El tercero es un interesante artículo (transcripción de una conferencia) de Antanas Mockus sobre la misión de la universidad.

Continuar leyendo el documento acá.

agosto 28, 2017

De la irrealidad de la rutina

Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente IDEAD-UT
Publicado en el suplemento Facetas de El nuevo Día

En el texto que cierra el libro titulado Cuentos de los extremos, se leen los siguientes versos:

Los vidrios, el ladrillo, el cemento, el plástico
se reparten el mundo.   
En la esquina hay escrita una historia. (Pérez, 2017, p. 32)

Se me antoja que en esas tres líneas se resumen el hilo conductor de esta propuesta que nos presenta Ricardo Pérez, un libro de relatos que dan cuenta de un tiempo consumido por la cotidianidad, en donde los personajes, extraídos de la fábrica humana del mundo real, se entrecruzan con la irrealidad. Este mundo no es ajeno a nuestra mirada, es más bien un reflejo a manera de espejo urbano que bifurca los días enmarcados por la soledad o la multitud, qué más da, en ese mundo soledad y multitud parecen ser sinónimos.
Terry Eagleton, en su laborioso libro Cómo leer literatura, hablando específicamente de los personajes literarios, nos recuerda que “Lo artístico, por consiguiente, está muy cerca de lo ético. Ojalá pudiéramos percibir el mundo desde el punto de vista de otra persona, porque de ese modo comprenderíamos mejor cómo y por qué actúa como lo hace” (2016, p. 90); es decir, que el escritor lo que busca delineando personajes, es tratar de ubicar una mirada distinta para los problemas reales que agobian su tiempo. Quizás por eso, se siente una irrealidad cruzando los personajes de Cuentos extremos, como el asesino reflexivo capaz de entender que la justicia y la condición social son amanuenses del crimen y por eso concluye que “(…) en el sur pude matar tranquilamente a todas las que quise, porque sin plata no cuentas igual para la sociedad”. (Pérez, 2017, p. 27); o ese otro futbolista fracasado que termina en la cárcel y que puede entender su destino al margen de la sociedad y exclamar: “En este patio en el que somos los apartados, estamos como en una escuela, acá uno puede elegir perfeccionarse en el crimen o en otras cosas.” (2017, p. 25).
Esas secuencias narrativas que propone el autor, hacen que, como lectores, entremezclemos ficción y realidad; así pasa en el cuento titulado No fumar, en donde un espectador, que está en el cine, sale del teatro pero se siente perseguido por la trama de la película; o en Drink Hollywood, en donde la película que se rueda es, al parecer, la vida misma de la protagonista cuyo guion no es más que el reflejo de su miserable existencia: “En aquél día se sentía especialmente agobiada por la vida de farsa que había llevado desde hacía seis años, cuando había empezado a actuar en películas.” (2017, p. 11)

Así entonces, el tiempo, la irrealidad, lo cotidiano que agobia y se torna inexplicable o simplemente se acepta como parte de la existencia, moldea los relatos y construye los personajes. Todo el libro es, en mi opinión, un guion sobre una mirada al presente que se interconecta, inexplicablemente, con lo fantástico, como debe hacerlo la escritura literaria. Solo que nuestras escenas no se podrán repetir después de que llegue la muerte y grite sin contemplaciones: ¡Corten!