noviembre 07, 2017

CUANDO LA UNIVERSIDAD SUCEDE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD-UT

Atrás quedaron las épocas irresponsables, (que muchos ya olvidaron) cuando la Universidad del Tolima se daba el lujo de organizar eventos a diestra y siniestra, traer egresados a festines con conjunto vallenato a bordo, entregar lapiceros y agendas por miles y gastar la plática en helados. Ahora toca, como decía un antiguo Vicerrector Administrativo: “raspar la olla”.
Aun así, por estos días, la Universidad del Tolima ha vuelto a suceder, ha vuelto a acontecer. En medio de la espera a que se tomen las medidas definitivas para que su estabilidad financiera sea una certeza, se han convocado una serie de eventos académicos liderados por diversas Unidades Académicas, Facultades y colectivos, que sin duda alguna han realizado un esfuerzo extraordinario por dar cuenta de ese mundo que genera miradas de optimismo en la comunidad. Estos son algunos de esos sucesos:
La Facultad de Ciencias Humanas y Artes organizó la celebración de su noveno aniversario, con una serie de actividades que incluso iniciaron el 18 de octubre, pero que tuvo su fuerte en la semana del 30 octubre al 3 de noviembre. Paz, posconflicto y artes fueron los ejes centrales, que igual agrupó conferencistas, lanzamiento de libros, muestras documentales, entre muchas actividades más.
El día 31 de octubre, se dio apertura a la celebración de la XVIII Semana de la Facultad de Ciencias y la conmemoración de sus 20 años de existencia. El evento contó con muestras artísticas y conferencias centrales, las cuales se extendieron hasta el viernes 3 de noviembre.
El jueves 2 de noviembre se dio apertura al Primer Simposio de Estudios Literarios, evento coordinado por el Semillero de Investigación Epelila y el grupo de Investigación Argonautas, los cuales unieron esfuerzos de la Facultad de Educación y El Instituto de Educación a Distancia. El evento se extendió hasta el sábado 4 de noviembre, cerrando con el IV Foro de Investigación Formativa del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana; contó con cerca de 65 ponentes, entre los cuales la mayoría fueron estudiantes de  los programas de las Licenciaturas en Lengua castellana y Literatura y Lengua Castellana, así como invitados nacionales. Hubo stand de libros de autores universitarios y  se realizó el lanzamiento de las Revistas Ergoletrías No.4 y Entre Líneas No.5.
El viernes 3 de noviembre, arribaron delegaciones nacionales que asistieron al X Foro de Investigación Formativa el I Internacional del programa Licenciatura en Educación Artística, el cual reunió varias delegaciones de los Centros de Atención Tutoriales (CAT) del Instituto de Educación a Distancia, quienes trajeron muestras de danza, teatro, títeres, música, sala de exposiciones, resultados de proyectos de investigación, stands,  entre muchas más. El evento continuó durante el día sábado 4 de noviembre con variadas muestras culturales e investigativas, al final del día se despidieron las delegaciones.
Ya terminado el puente festivo, la Universidad del Tolima continúa con eventos académicos como la semana de la Agro innovación y el emprendimiento, a realizarse entre el 7 y el 10 de noviembre, la cual está organizado por la Facultad de Ingeniería Agronómica. Así mismo, se llevará a cabo la XIV semana de la Facultad de Tecnologías, entre 8 y 10 de noviembre, con la participación de conferencistas, desarrollo de talleres, trabajos de Semilleros de Investigación y presentación de trabajos de tesis de grado.
Del mismo modo, el día 8 de noviembre se llevará a cabo la Tercera Feria Agroecológica de la Universidad del Tolima, evento convocado por el programa de Ingeniería Agronómica, el Semillero de Investigación Bisagras y estudiantes de Agroecología.
Finalmente, con la celebración de los 50 años de existencia del Museo Antropológico de la Universidad del Tolima, se ofrecerá el Seminario museos, colecciones científicas y patrimonio cultural, los días miércoles y jueves 8 y 9 de noviembre.
Como se puede inventariar, son muchos los eventos (quizás algunos se me queden sin referenciar), los saberes, muestras culturales y científicas que la Universidad del Tolima ha venido, y viene, ofreciendo en este noviembre fructuoso; eso pasa cuando la universidad sucede, cuando la comunidad es consciente que más allá de las diferencias, los conflictos y las crisis, la universidad pública tiene un sentido concreto: EXISTIR.















octubre 24, 2017

¿Y LA ACADEMIA QUÉ?

Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
La sensación que trasmite la Universidad del Tolima es que, a pesar de la crisis financiera, se han podido sostener los indicadores académicos, los cuales debido a un efecto de permanencia en el tiempo, aún sobreviven por procesos que se venían gestando de tiempo atrás.
No obstante, las alarmas empiezan a encenderse. Los últimos reportes nacionales permiten evidenciar que se necesita de manera urgente un liderazgo académico por parte de la alta dirección de la universidad, liderazgo que no se observa en cabeza de quienes ostentan esa responsabilidad.
En la clasificación reciente de revistas indexadas no hay ni una sola perteneciente a la comunidad UT, mientras las publicaciones de difusión intentan conseguir algunos pesos para no morir. ¿Qué pasó con la política de revistas? En la actual clasificación de grupos de investigación (2017) aún podemos darnos por satisfechos, pero si la dinámica de inversión, apoyo a nuevos grupos y convocatorias a proyectos no evoluciona, pronto la tendencia será al descenso.
Los indicadores no se mantienen por sí solos, necesitamos profesores escribiendo, publicando, asistiendo a congresos, participando en eventos internacionales, entre muchos aspectos más que hoy se hacen a cuenta gotas. Estas actividades generan los productos académicos que luego soportan los procesos de acreditación de los programas de pregrado y posgrado. La política de publicación de libros lleva más de dos años estancada. No queda más que preguntar: ¿En dónde anda el Vicerrector Académico, Oscar Iván Cortés, que no está jalonado estas acciones propias de su cargo?
Otro aspecto vital, para la posibilidad de solventar definitivamente la crisis, es la reforma académica. Se requieren urgente estos derroteros institucionales actualizados, eso es una verdad de Perogrullo. Pero no vemos al equipo académico de la UT, en cabeza (de nuevo) del Vicerrector Académico impulsando las mismas. Se les ha dejado solo a los profesores el peso de avanzar en la construcción de los Estatutos Docente y General, mientras se rumora que el Vicerrector tiene otra propuesta de reforma aislada del sentir de la comunidad. La construcción del Estatuto Estudiantil ni siquiera se ha dinamizado para abrir la participación en su urgente revisión y elaboración.
Otro aspecto a contemplar es la posibilidad de avanzar hacia la Acreditación Institucional, debido a la flexibilización actual del Ministerio de Educación quien desea, a toda costa, apoyar a las universidades regionales que poseen los mínimos para acreditarse, la Universidad del Tolima es una de ellas.  Pero insisto, se requiere el liderazgo de un equipo que enfrente esta serie de acciones y actividades que necesitan diligencia, la cual en estos momentos brilla por su ausencia.
Estos aspectos, más las cotidianidades académicas de los programas, los Comités Curriculares y las discusiones sobre las nuevas formas organizativas académicas que le deparan a la Universidad del Tolima, precisan ser asumidas con propiedad; esperemos que el tren no nos encuentre otra vez en la estación equivocada. Que el pasado sirva al menos de ejemplo, porque hace rato que en la Vicerrectoría Académica de la Universidad del Tolima no tenemos una dirección a la altura de los retos.

octubre 16, 2017

RÁPIDOS, FURIOSOS E IRRESPONSABLES

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

El lunes festivo 16 de octubre, en el trayecto Bogotá-Ibagué, los conductores del bus de la empresa Fronteras No 7565, con placas WFL 660, y el microbús Vans No 17045, adscrito a Velotax, con placas SMR 074, protagonizaron una escena no extraña a la cotidianidad de quienes hacemos uso constante de estos servicios de transporte terrestre. El chofer del bus cerró peligrosamente a la Vans, que de no ser por la pericia del conductor y gracias a los escasos centímetros que separaron los dos vehículos, quizás esta nota fuera necrológica. Eran cerca de las 8:30 PM. Descendíamos hacia Melgar.
El conductor del bus de Fronteras siguió ruado, como si nada hubiese pasado. El conductor de la Velotax, en vez de parar y tranquilizarse, emprendió una furiosa persecución, haciendo caso omiso a los pasajeros quienes le pedíamos calma. Durante unos 3 kilómetros asistimos atónitos a una escena propia de Hollywood, pero sin dobles. Varias veces los dos vehículos se emparejaron en el camino y temimos lo peor. Al final la Vans logró superar el bus, los conductores descendieron para constatar un leve raspón de un espejo, magulladura que por unos minutos fue más importante que la vida de 19 pasajeros de la Vans y un conductor enfurecido por la adrenalina de las carreteras.
Todo pudo haber quedado en el anecdotario de mis viajes terrestres, pero luego recordé que este tipo de imprudencia no siempre termina en anécdotas, a veces cobra vidas y genera indignaciones, dolor y lágrimas.  Por eso decidí preguntar en esta nota: ¿Quién regula el transporte público terrestre? Pareciera que nadie, porque a este tipo de imprudencias no documentadas, se le deben sumar otro tipo de anomalías como el mal servicio ¿cuántas veces les han cobrado una “ruta que va directa a su destino”, pero luego paran en todo lados a recoger pasajeros? ¿Cuántas veces los pasajeros deben sufrir por puestos en mal estado, ausencia de aire acondicionado, conductores acelerados para quienes el límite de 80 k/h no existe? ¿Quiénes regulan los precios? En temporadas altas las tarifas se disparan sin que nadie entienda la razón de tal abuso. Y así mil absurdos más que los pasajeros suelen aceptar con estoicismo y que rara vez reportan a las empresas porque la prisa del viaje no lo permite.
Espero que esta nota sirva de algo, al menos de desahogo personal. Eso sí, si los conductores protagonistas de este mal momento se enteran, ojalá entiendan que por este tipo de escenas no premian en los Oscar y que a ustedes, así sean irresponsables, también los esperan en sus casas.

octubre 05, 2017

¿NUEVA CRISIS O DEJÁ VU?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

De nuevo se agitan las aguas en las Universidades Públicas. La alarma fue activada por un viejo problema, que como un tumor convive con el Sistema de Educación Estatal desde inicios de los años noventa, la desfinanciación.
Lentamente las universidades públicas han ido deteriorándose. Física y académicamente. Mientras el sistema mundo, la sociedad y los gobiernos de turno le reclaman mayor impacto, más calidad, mayor cobertura y mejores indicadores, las universidades pasan afujías para cumplir con lo básico del día a día: el pago de sus nóminas administrativas, el salario de los docentes y una poca inversión en infraestructura e investigación.
Las transferencias cada vez son menores, de parte del gobierno central y de parte de los gobiernos locales en el caso de las universidades de corte regional. Por eso muchas andan en el rebusque, sin aumentar el costo el de matrículas, porque allí se forma la población menos favorecida, cerca de 600.000 colombianos.
Poco tiempo para pensar la academia tienen hoy los directivos académicos de las universidades, deben estar hurgando aquí o allá para obtener recursos. El Estado parece desatendido de esta complejidad problemática. ¿Ignora acaso la importancia de un saludable sistema educativo para la reconstrucción del país? Queremos ser un país de punta con una educación de retaguardia. Eso es imposible. Miremos el mundo y obtendremos evidencias.
Hemos sobrevivido durante décadas en un tira y afloje entre las comunidades universitarias y los gobiernos de turno para que asuman la responsabilidad de la educación con todos sus bemoles. Paros, marchas, ceses de actividades, cierres temporales, desmanes, atropellos, muertos, detenidos, desapariciones y mil acontecimientos más hacen parte del inventario de una lucha por sostener la educación de los más pobres. Jamás hemos recibido del Estado lo merecido, siempre hemos trabajado con las uñas. La educación en Colombia ha vivido 200 años de soledad.
Y si al problema de la desfinanciación de la universidad le sumamos los otros: la corrupción, la politiquería, la mercantilización, la desvalorización del saber, la primacía del capital sobre el conocimiento, la cosificación de la formación y muchos otros, llegaremos a la conclusión que la universidad apenas sobrevive y su condición es la crisis permanente.
Por eso hoy cuando nos convocamos de nuevo a defender la Universidad Pública, sentimos que esta crisis ya la hemos vivido. Esto es un dejá vu.

septiembre 29, 2017

CARTA A LOS POETAS

Por: Javier Vejarano Delgado
Ibagué, Colombia, Septiembre de 2017
                                                                     Los poetas pueden decir lo que se les dé la gana
                                                                     que para eso son poetas.
                                                                                                                            X504[1]

Por favor, no más religiosidad, no más apología de los dioses, no más canto a los ángeles… El Universo se expande… quizás haya otro  universo de antimateria “muy más allá del mundo de los astros”[2]. Qué le pasó a ese caminante de la noche citadina, el que descifraba los secretos del país herido, por qué se dejó alienar por el ángel, el diablo y la biblia de los pobres[3]. Para misticismos ya escribió Juana Inés y otras enclaustradas para distraer su agonía: Si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga[4]. Ya los hebreos escribieron su literatura teísta, algunas veces preñada de erotismo: Bésame con besos de tu boca. Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura (descubierta)[5].
Poetas, no más culto lingüístico, palabrero, seudo blasfemo y rimado, al dios y sus consecuencias: “Dios sobra, estorba”: A la izquierda de Dios Padre que sufre de tortícolis…[6].” Soy de los pocos que creen que Dios tomo barro de tu pocilga para hacer al hombre”, “hijos, en el corazón de la cebolla está Dios, decía mi madre para consolarse y consolarnos…[7]
Miren al Cerebro y sus neuronas, miren el miedo del que van a torturar, miren la derrota de su civilización que pudrió el agua, envenenó el oxígeno y quemó las semillas de los frutos…
Poetas no canten  más monoteísmos, ni politeísmos, “quiero catar silencio”[8]. Recuerden: la cuna del hombre la mecen con cuentos, el miedo del hombre…. Ha inventado todos los cuentos.[9]
 Déjenles ese temuco o temilla a los negociantes religiosos, que ellos se enfrasquen con sus falacias.
Poetas, en el espacio conocido no hay lugar para dios.[10] La idea de dios no es necesaria para explicar el origen del universo[11].
Hay que cuidarse, no sea que un día de estos un Poderoso los señale de terroristas por estar disparando palabras, burlando la palabra, chistoseando la palabra sacra… y un sicario atento tome nota…




[1] Jaime Jaramillo Escobar.
[2] León de Greiff
[3] Juan Manuel Roca
[4] Teresa de Ávila
[5] Cantar de los Cantares
[6] Mery Sánchez
[7] Nelson Romero
[8] León de Greiff
[9] León Felipe del Camino. Sé todos los cuentos
[10] Carl Sagan
[11] Stephen Hawking

septiembre 05, 2017

Los ojos de la Universidad del Tolima en las regiones

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD

Cuando hablamos de la universidad pública regional, intuimos que su existencia se justifica porque desde ella se potencia el conocimiento en contexto, el cual impacta positivamente las dinámicas del desarrollo, la construcción de una cultura del saber y el fortalecimiento del pensamiento de los sujetos que allí habitan. No obstante, uno de los reclamos más sentidos que las regiones hacen, a sus universidades, es precisamente la desconexión del mundo académico con el mundo de los problemas “reales” de los territorios. 
Lo anterior, permite evidenciar que precisamente una de las fortalezas que posee la Universidad del Tolima, en esa relación Universidad/Región/Contexto, opera desde el Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) y su oferta de programas de pregrado, especialización y maestría bajo la modalidad de estudio semi-presencial. En el 2017 dicho proyecto cumple 35 años de existencia y la valoración de su impacto, más allá de las fronteras físicas de la Universidad del Tolima, aún está por escribirse.
Por estos días, en medio de la búsqueda de salidas ante la crisis por la que atraviesa la Institución de Educación Superior más importante del departamento, se ha plateado la construcción de nuevos derroteros institucionales, y en esa discusión mucho se ha dicho y bastante se ha especulado en torno al IDEAD, casi siempre sin los fundamentos teóricos y técnicos que se requieren para un debate propositivo. Al final, lo que se concluye es que el proyecto requiere ser fortalecido para transitar por el camino de los nuevos retos, algo cercano a lo que había esbozado en un documento titulado “Reinventar el IDEAD”.
Así las cosas, la presencia en el territorio descentralizado es fundamental para la consolidación de un proyecto de Universidad Pública que potencie la región, la haga objeto de estudio, se retroalimente de sus  saberes, le proponga salidas a sus diversas problemáticas contribuyendo a la consolidación de sus áreas geográficas, políticas, económicas y culturales. Ahí el IDEAD ha sido protagonista durante estas tres décadas y media, sus aportes a la formación superior en los lugares más apartados y desprotegidos cumplen esa función que muchas veces el Estado mismo no ha sido capaz de proveer. Desde allí debe valorase su existencia, su consolidación y su necesaria transformación, porque es innegable que sus retos son altos y el compromiso institucional para tal fin, debe ser de la misma dimensión.
Es así como, por estos días, en el marco de la celebración de la existencia del IDEAD, se reunieron en Ibagué los Coordinadores de Centros Regionales, evento que tuvo lugar los días 29, 30 y 31 de agosto; y que, entre otras cosas, sirvió para recordar la particularidad misma de la existencia de dichos Centros de Atención Tutorial (CAT), como se les denomina actualmente. Desde el interactuar con la región y los sujetos, se puede constatar que allí habita un núcleo de trabajo propicio para su consolidación, solo que a veces se olvida cuál es nuestra misión como universidad pública y nos perdemos en el discurso de los indicadores, que casi nunca miden lo importante. Como lo expresó en el conversatorio Gloria Soraya Arias, una de las Coordinadoras que viene trabajando en las regiones desde los años noventa: “allá (en la región) no pensamos que la universidad está acá, allá somos la Universidad”. Esperemos entonces que, desde el IDEAD y desde la Universidad del Tolima, seamos capaces de leer esas necesidades y apostarle por seguir aprovechando el momento para apuntalar más el proyecto de formación que nos convoca, no en vano, como dice Jordi Pigem: “La crisis es como una vigorizante ducha fría. Una oportunidad para despertar”. 

septiembre 01, 2017

EL PROFESORADO Y LA DEMOCRACIA UNIVERSITARIA


NOTA:
El siguiente texto corresponde a la introducción del documento titulado “El profesorado y la democracia universitaria”, el cual ha sido elaborado por un grupo de profesores activos y retirados, así como algunos egresados de la Universidad del Tolima, quienes a través de un juicioso ejercicio argumentativo, plasman sus ideas acerca de cómo debe ser concebido el concepto “Democracia” en el contexto de una comunidad académica, como es el caso de las Instituciones Públicas de Educación Superior.
Por la importancia de estas reflexiones, en el momento que vive la Universidad del Tolima, publico esta introducción como una provocación a la lectura completa del documento que se encuentra en la red y dejo un link para su fácil ubicación.
Introducción
Durante un prolongado periodo la Universidad del Tolima ha tenido una orientación en su dirección que produce condiciones de calidad y eficiencia académicas y administrativas claramente inferiores a sus posibilidades. El nocivo estilo de gobierno institucional que imperó, y el despilfarro de los escasos recursos, llegaron en años recientes a extremos que produjeron una aguda crisis financiera. De esa final situación es inevitable responsabilizar en primer término al rector de turno y al equipo directivo que lo acompañó en su administración. Por otra parte, no puede exonerarse de culpa a los gobiernos nacional y departamental cuyos representantes en el CSU actuaron en forma negligente y connivente respecto del errado manejo que se dio a la institución.
Sin embargo, hay que insistir en que el rumbo equivocado se fue consolidando desde largo tiempo atrás, con el asentimiento –activo o pasivo– de la mayoría o gran parte de los universitarios, y tampoco puede olvidarse que el rector obtuvo la más alta favorabilidad del profesorado en las consultas que se hicieron en desarrollo de los trámites conducentes a su designación y a su reelección. Y debe resaltarse, además, que durante el largo periodo que ejerció el cargo, un importante sector del cuerpo docente le brindó respaldo a su estilo de gestión, no obstante que ASPU y otros profesores, temprana y repetidamente formularon críticas y alertaron sobre los riesgos de los yerros y las desviaciones en que irresponsablemente se estaba incurriendo; al respecto es necesario seguir haciendo una serena pero aguda y profunda reflexión autocrítica.
Adicionalmente, hay que anotar, que la negativa situación comentada es propiciada por un estado de cosas al que en formas y grados variables han estado expuestas las IES públicas, el cual ha tenido máxima incidencia en la Universidad del Tolima.
El presente texto es un ensayo informal, que centra su atención en las condiciones que predisponen a situaciones como las que ha padecido la Universidad del Tolima y explora ideas acerca de la forma en que el profesorado podría contribuir, en el ejercicio de una democracia deliberativa, para impedir que se produzcan esos extravíos en la marcha institucional. En su mayor parte este escrito consiste en una colección hilvanada de citas pertinentes de publicaciones de estudiosos de los temas tratados. Aunque algunos de esos autores tienen gran renombre en el mundo académico, sus posiciones se proponen para la discusión, pues son susceptibles de controversia y de cuestionamientos desde puntos de vista alternativos.
“La discusión en la academia, por lo menos la discusión que trasciende, que hace historia en la academia, es casi siempre una discusión por escrito” (Mockus, 1987a, p.63). Esta idea2 y la intención de hacer un aporte preliminar al desarrollo de un análisis crítico y una discusión razonada al respecto, han animado este ejercicio de escritura. Aunque los textos consultados son relativamente numerosos, es pertinente destacar tres: el primero es una publicación de la Universidad Nacional, resultado de un estudio sobre gobierno y gobernabilidad en las universidades públicas, realizado por el profesor Víctor Manuel Gómez; este trabajo tiene la importante característica de haber sido realizado por un profesor de la más importante universidad pública de Colombia, por lo que sus agudas anotaciones tienen un plausible sentido autocrítico. El segundo se titula “Ética aplicada y democracia radical”, escrito por la conocida filósofa española Adela Cortina, profesora de ética y filosofía política de la Universidad de Valencia, y autora de una larga lista de publicaciones. El tercero es un interesante artículo (transcripción de una conferencia) de Antanas Mockus sobre la misión de la universidad.

Continuar leyendo el documento acá.

agosto 28, 2017

De la irrealidad de la rutina

Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente IDEAD-UT
Publicado en el suplemento Facetas de El nuevo Día

En el texto que cierra el libro titulado Cuentos de los extremos, se leen los siguientes versos:

Los vidrios, el ladrillo, el cemento, el plástico
se reparten el mundo.   
En la esquina hay escrita una historia. (Pérez, 2017, p. 32)

Se me antoja que en esas tres líneas se resumen el hilo conductor de esta propuesta que nos presenta Ricardo Pérez, un libro de relatos que dan cuenta de un tiempo consumido por la cotidianidad, en donde los personajes, extraídos de la fábrica humana del mundo real, se entrecruzan con la irrealidad. Este mundo no es ajeno a nuestra mirada, es más bien un reflejo a manera de espejo urbano que bifurca los días enmarcados por la soledad o la multitud, qué más da, en ese mundo soledad y multitud parecen ser sinónimos.
Terry Eagleton, en su laborioso libro Cómo leer literatura, hablando específicamente de los personajes literarios, nos recuerda que “Lo artístico, por consiguiente, está muy cerca de lo ético. Ojalá pudiéramos percibir el mundo desde el punto de vista de otra persona, porque de ese modo comprenderíamos mejor cómo y por qué actúa como lo hace” (2016, p. 90); es decir, que el escritor lo que busca delineando personajes, es tratar de ubicar una mirada distinta para los problemas reales que agobian su tiempo. Quizás por eso, se siente una irrealidad cruzando los personajes de Cuentos extremos, como el asesino reflexivo capaz de entender que la justicia y la condición social son amanuenses del crimen y por eso concluye que “(…) en el sur pude matar tranquilamente a todas las que quise, porque sin plata no cuentas igual para la sociedad”. (Pérez, 2017, p. 27); o ese otro futbolista fracasado que termina en la cárcel y que puede entender su destino al margen de la sociedad y exclamar: “En este patio en el que somos los apartados, estamos como en una escuela, acá uno puede elegir perfeccionarse en el crimen o en otras cosas.” (2017, p. 25).
Esas secuencias narrativas que propone el autor, hacen que, como lectores, entremezclemos ficción y realidad; así pasa en el cuento titulado No fumar, en donde un espectador, que está en el cine, sale del teatro pero se siente perseguido por la trama de la película; o en Drink Hollywood, en donde la película que se rueda es, al parecer, la vida misma de la protagonista cuyo guion no es más que el reflejo de su miserable existencia: “En aquél día se sentía especialmente agobiada por la vida de farsa que había llevado desde hacía seis años, cuando había empezado a actuar en películas.” (2017, p. 11)

Así entonces, el tiempo, la irrealidad, lo cotidiano que agobia y se torna inexplicable o simplemente se acepta como parte de la existencia, moldea los relatos y construye los personajes. Todo el libro es, en mi opinión, un guion sobre una mirada al presente que se interconecta, inexplicablemente, con lo fantástico, como debe hacerlo la escritura literaria. Solo que nuestras escenas no se podrán repetir después de que llegue la muerte y grite sin contemplaciones: ¡Corten!

agosto 15, 2017

El discurso literario en la Revista Aquelarre

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Publicado en el Suplemento Facetas de El Nuevo Día

La revista Aquelarre es una publicación universitaria adscrita al Centro Cultural de la Universidad del Tolima, pero la dimensión misma de sus discursos desborda el campus para llegar a los escenarios del debate político, académico, cultura y por ende literario, más allá de las propuestas academicistas que inunda las publicaciones universitarias y que pocas veces consiguen lectores. Aquelarre no adolece de debate, de argumentación,  de pensamiento crítico, aspectos que incomodan el proyecto del pensamiento único reflejado en la tensión neo-liberal y neo-colonial del planeta y sus dueños; por lo tanto tampoco adolece de lectores.
Aunque no es una revista de corte literario, en sus páginas han quedado las huellas indelebles de la literatura local y nacional, sobre todo de esa literatura, que como lo propusiera Sartre, se compromete con su tiempo y padece las esquizofrenias del mismo. Por esa razón, durante las veinticinco entregas que lleva a la fecha, ha construido un corpus diverso, pero factible de categorizar, en donde se evidencian las tensiones de un tiempo a través de variados géneros como el cuento, la poesía, el ensayo y la reseña. Ir a ella, abrir sus páginas, dialogar y releerla, que para el caso de la investigación es casi sinonimia, permite redescubrir ese mundo literario que “dice algo”, que connota un mensaje más allá del hecho estético, sin abandonar el mismo.
En ese sentido, el libro titulado El discurso literario en la revista Aquelarre, es un trabajo que se mueve en tres dimensiones: el rescate de la memoria letrada de una comunidad cuyo vórtice de acción es el pensamiento crítico, la apuesta por la interpretación de un medio escrito como posibilidad hermenéutica y la puesta en tensión de un artefacto comunicativo en donde los “escritores” dicen (enuncia) como testigos de un tiempo y una época, y los lectores decodifican desde la interpretación, necesariamente crítica. A eso es que nos invita July Lizeth Bolívar en este trabajo.
De entrada la autora nos propone una visión interpretativa de un artefacto comunicativo que es sí mismo símbolo de la utopía, de ahí los temas que la ocupan, y para poder entablar un diálogo más delicado con sus páginas, nos propone una forma de abordarla, de bucear en sus páginas. Lo que interesa a la autora es descifrar el discurso literario, sabía decisión, porque abordar la multiplicidad de sus discursos sería una labor titánica de la cual Lizeth deja construido el entramado epistémico y metodológico. Epistémico porque durante una gran parte del libro la autora nos pasea por las corrientes del pensamiento crítico, logrando aunar marcos teóricos que fortalecen la mirada interpretativa que luego transcurrirá, y metodológico porque ofrece, al lector-investigador, la posibilidad de obtener una manera de abordar otras publicaciones para su análisis e interpretación.
Posteriormente, se ocupa de agrupar algunos textos desde cuatro categorías: La violencia en Colombia nos introduce a ese mundo de la barbarie narrada desde variados lugares, todos ellos construidos con fragmentos de textos que habitan la revista Aquelarre y que, como testigos mudos que gritan, guardan un mensaje para la historia, una marca de pasado para la tradición de la indolencia. La guerra bipartidista, el conflicto rural y urbano, el clamor de las víctimas y el dolor humano son ejes narrativos presentes allí.
En la categoría Literatura, lenguaje y pedagogía, nos ofrece una panorámica sobre cómo el arte y la pedagogía establecen relaciones dialécticas, interacciones olvidadas por el mundo de los indicadores de gestión que han soslayado las prácticas académicas.  Enseñanza de la literatura, relaciones entre literatura historia y la potencia de la palabra son provocaciones que surgen del texto interpretado.
Un tercer espacio de análisis tiene que ver con Mujer, erotismo y muerte, una triada que fácilmente podemos poner a conversar con la violencia en una país y  en un continente que si algo ha sabido es de maltrato a la mujer, de cuerpos violentados, de castraciones eróticas. El erotismo como experiencia interior, la opresión sexual, la literatura y el desfogue erótico, son cuestiones a las cuales se enfrenta el lector en este espacio.
Una cuarta categoría que la autora usa para desentrañar los discursos de la revista Aquelarre, es la denominada América Latina, palabra y pensamiento libertario, partiendo de ese deseo de José Martí de repensarnos como continente, de volver la mirada sobre nosotros mismos. Aquelarre y la autora de este trabajo, nos invitan de nuevo a realizar una relectura de Latinoamérica, a descubrir a través de la literatura esas múltiples voces que han clamado y siguen clamando por un proyecto continental que realice nuestros sueños de libertad
De esa manera, Lizeth nos pasea por las páginas de los primeros veinte números de la revista Aquelarre, nos ofrece herramientas para avizorar las tensiones discursivas que por sus líneas transcurren, nos invita, mediante el uso de un lenguaje cuidado y provocador, a la relectura de una revista que es patrimonio de la Universidad del Tolima, de la región y de toda esa América Latina que sobrevive en cada de sus palabras.

agosto 08, 2017

El arte del desgenero

Por: Luis Fernando Abello
Lic. Lengua Castellana IDEAD-UT.
Publicado en el Suplemento Facetas de El Nuevo Día

Julio Cortázar, en su polémico libro Rayuela, instaura una advertencia sin la cual no podemos pasar desapercibidos en su lectura:

A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin… El segundo se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. En caso de confusión u olvido, bastará consultar la lista siguiente.”

Así mismo, nos da un “orden” de manera cronológicamente virtuosa y desentendida para continuar con dicha lectura del escritor argentino. De esta misma manera, el escritor ibaguereño Carlos Arturo Gamboa, nos advierte, de manera distinta y diversa a la de Cortázar, que su libro no tiene un género definido, o así lo hace parecer su lectura, y directamente en su nombramiento cuando de él se lee “Un juego desgenerado”.
Adentrarnos a él, significa que estamos expuestos a una “tomadera del pelo” en toda su sincronía musical y lírica, puesto que hacemos una interacción con un lector no desprevenido, sino lleno de simbolismo que Gamboa, al igual que Dédalo, generan una aparente confusión, pero que nuestra risa puede ser una simulación acordada con el autor para interpretar los textos que de allí subyacen.

El juego de palabras que Gamboa nos suscita en la intervención literaria, no deja de pensarse como una sátira en gran magnitud de todo su libro, cuando menciona que “los ángeles conspiraron… / Y todos vagarán por la eternidad”. De aquí se desprende el primer poema del libro, y nos hace partícipes de los cuestionamientos diversos y sátiros que continuarán en dicha lectura. Paralelamente podemos decir, que el libro se revela como Lucifer en la revelación de los ángeles, o en John Milton, cuando menciona, siendo vocero de lucifer “Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”.

 

Y es la angustia que se pregunta Carlos Gamboa por la modernización que ha dejado de sacralizar la tierra y el propio cosmos y su escenografía literaria, que se anuncia en los escritos de “La ira del hombre”.

 

Dicho sacrificio de lo sagrado por lo tecnológico, lo podemos, también ver, en el poema de William Ospina, llamado “Canción de los dos mundos”, donde los autores tolimenses, hacen alusión a la importancia del sur como epicentro de los acontecimientos histórico como urgentes y necesarios para el sostenimiento de la sensibilidad humana.

 

Pero si por un lado el autor nos somete a esa angustia kierkeggiana, por el otro acude a tomar lo local como universal, en su segunda parte llamada “Barrio Paraíso”.  En esta parte, ya el hombre debe haberse despojado de lo apolíneo en lo cual hace parte del primer capítulo y convocar a las solemnidades de lo dionisiaco y su fiesta desgenerada.

 

Como hemos mencionado con anterioridad, el libro toma rumbo aparte para clasificarse en un género literario, puesto que si está dividido por secciones, se lee como una totalidad de sus desesperanzas, parecido a una novela en su lectura lineal, pero también encontramos la inclusión del género literario como el minicuento, en la medida en que se construye con ironía y sátira, un humor fino para deleitarse sobre su simbolismo.

 

El texto no busca definirse entre lo prosaico o versátil, sino en jugar con esos escombros de vivencia y palabras; desde esa mirada, no podemos dejar de pensar en otro Borges, cuando escribe el “verdadero” autor del Quijote, Pierre Menard, de la misma manera, Gamboa resignifica los simbolismos de ese vecindario, puesto que Noé es un bohemio, verbo carne, se convierte en vegetariano, Dios mismo, creador de las leyes, es licitador de organismos de control como la policía, o es una “administrador” que derriba casas con relámpagos. Se puede decir que ubica en el centro a un Dios más humano, que tiene erecciones a través de los matorrales, ya que es un “Voyerista de tiempo completo”. 

 

Es así que la intención nitzscheana se convierte en palabra con Artefacto Ludens, puesto que está en otro plano escritural, donde se debe jugar con la seriedad con que jugaba el niño, nuestro niño.

 

Finalmente, la comunidad de este libro, del Barrio, tiene un tinte bíblico-urbano en todo su contexto, mira definitivamente a la escenografía del sur, y crea nuevos símbolos creados de realidades amplias para la memoria, que se hace difícil olvidar con una simple lectura, y una pérdida de memoria.

 

El juego no solamente está en la lectura, sino en apropiar la palabra como un juego sin ubicación concreta, pero sincera de toda la amalgama de insinuaciones literarias que surgen al cobrar nuevamente una lectura instaurada en el placer de una palabra que huye de la seriedad. 


5 arpegios para celebrar las ruinas

Por: Nelson Romero Guzmán
Poeta colombiano
Publicado en el Suplemento Facetas de El Nuevo Día

            La voz que dice el poema, aquella que lo invoca a través de la escritura y lo pone ante nuestros ojos, cuando proviene de la vivencia profunda de una experiencia poética, generalmente lo colma de otras voces; el poema, entonces, nos golpea con su carga de mundos para expresarnos otras posibilidades de sentir y de pensar a través de los medios intuitivos de la imagen, como vehículo de aproximación a la realidad. Por eso leemos ciertos libros de poesía como si desde sus páginas esas “otras voces” nos hablaran de distinta manera, con sus poderes metafóricos en comunicación con aquellas “ínsulas extrañas”, y no desde la postura narcisista del “yo” biográfico de su autor. De esta actitud despersonalizada de la escritura, el poema agrega a nuestro mundo una expectativa de diálogo desde la creación de su mundo paralelo, con existencia propia en sí mismo por obra del lenguaje. 5 arpegios en clave desolación de Carlos Arturo Gamboa, en su conjunto alcanza el tono de una sinfonía. Por tratarse de un tema, el de la ruina, en su tonalidad se halla interpretado por varias voces que el libro asume desde una alusión metafórica permanente al poder como banalidad o fruto vano de la historia frente a la rompiente de la realidad o al flujo del río de la Historia (así con mayúscula); pero si algo celebra la poesía, la de Carlos Gamboa, es el poder y sus ruinas, es decir, también el libro es celebratorio de la ironía marxista de la metáfora de lo sólido desvaneciéndose en aire. Aquí la poesía llega a ser ánfora rota del poder, que no obstante surge con la convicción de desvanecerle el aura a la narración historiográfica. Por eso Juancho surge como una voz oculta que encarna la protesta del hombre anónimo contra la memoria de lo oficialmente instituido, para contradecir la pretendida perennidad del poder y convertirlo en un cuerpo simbólico animalizado de “buitres carroñeros”. Leamos como lo logra:

VI

Mirad a Pompeya. ¿Qué queda de su amor
Imperecedero? Rocas. Ruinas. Silencios.
Y sobre las ciudades que sepultaron la ira
de los dioses o velan palomas unicornias
o buitres carroñeros.

Pero, ¿qué otras voces reencarnan los arpegios? Corinaya, el Historiador marginal y el roquero. Este roquero surge como una construcción de la modernidad, escéptico, pero crítico y burlón, además de profundo vitalista y desmitificador de los valores del mercado. Su prototipo es ser el revés del rey y del soberano, pero con la nueva actitud del hombre libre desprendido de su sed de poder, además que encuentra en la música una forma de mutarse en mito para darse el lujo de descender a los infiernos de este mundo. Es la voz del rok, el son de sus metales y sus cuerdas, la que rige este apartado del libro, y por eso el lenguaje resulta más espontáneo, enumerativo, menos colorido y si se quiere finamente sarcástico y burlón. El poema que sigue funcionaría como la letra para una banda de rock, además que contiene elementos propios de una sociedad tecnológica. Este roquero se traspone al mito de Orfeo, quien descendió a los infiernos para recuperar a su Eurídice, pero en el ascenso de retorno al mundo de los mortales volvió los ojos a ella y la pierde. De nuevo lo sólido –esa metáfora de la posmodernidad- desvaneciéndose. Así lo dicen estos versos que acusan al poeta con la mordacidad merecida: “Los poetas sólo sirven para algo / después de muertos”. Vale la pena oír esta pieza, a la que sólo le faltarán los instrumentos musicales:
  
VII

                                                                      Morir es olvidar
                                                                       ser olvidado.

                                                                                   - Robi Draco Rosa-
  
En vano fue la lucha, ¡vencieron los
efímeros, murieron los eternos!

Llévame flores a la tumba para poder
sentir el olor de la belleza.
Llévame también una foto del mundo
que ignoré mientras vivía, una
carátula del último CD de Emma Shapplin,
cuatro monedas falsas, un cinturón
de seguridad para mi largo viaje, un
cigarrillo mentolado, dos tragos
de anís agurdientoso, mis zapatos
cansados de caminos, el sujetador
de la mujer que nunca amé por el
miedo a perderte, la risa de mis hijos
a sus cinco años, un televisor para
matar el tedio de la eternidad, un
buscapersonas con el código de Dios, el
Nuevo Testamento para corregirlo, una
espiga de trigo para la buena suerte,
los calendarios de los próximos
cien años, un cepillo de dientes - Quiero
ser una calavera bien cuidada-, una
peluca para asustar los muertos, un
juego de dados para apostar mis restos,
el número de lápida del abuelo para
Hacerle una visita...

Empácalo todo. ¡Si quieres no vengas,
envíalo por el correo subterráneo!

Dedícate a vivir, no malgastes el
oxígeno en palabras, porque con el tiempo
te darás cuenta que
los poetas solo sirven para algo
después de muertos.
  
Es a través de la voz de estos personajes anónimos o marginales, que el libro asume una postura poética frente al presente: La ruina del poder y, a cambio, su revés irónico: la glorificación de lo efímero. Aquí la postura crítica del poema se plantea desde la pregunta absurda del hombre ante el inventario de falsas conquistas y absurdas esperanzas: “¿y qué quedó de todo esto?”  La pregunta misma que es su propia respuesta, cae en el vacío. Respuesta que se hace más vecina a la experiencia humana en una de las palabras de mayor marca semántica en el título del libro: desolación. Más aún, el poder como desolación en su orden material e ideológico; una desolación que tiene en su revés la impronta de la ilusión del tiempo histórico. Por eso se hace necesario reiterar la pregunta que hace Juancho en el poema VI del primer arpegio: “Mirad a Pompeya. ¿Qué queda de su amor / Imperecedero? Rocas. Ruinas. Silencios”. Si se leen algunos indicios en el libro de Carlos Arturo Gamboa, es claro visualizar a través de nombres propios de personajes y lugares de la historia, el inventario que la memoria histórica transfigurada en memoria poética, lo cual se obtiene cuando se logra templar y poner ante nuestros ojos todo el lienzo de la lectura: resulta claro mirarnos en la infamia del pasado, pero algo más infame aún: en el presente seguimos derramando sal sobre la herida. De ahí el relato que hace el libro de Carlos Arturo Gamboa cuando menciona las guerras bíblicas del Antiguo Testamento, el imperio romano, Jerusalén, Ítaca, Canaán, el Oriente; alusiones que precisan ciertos registros claves que simbolizan la muerte de los poderes por obra del tiempo, pero que luego resucitan como la serpiente para morderse la cola.
En ese mismo sentido asistimos como lectores a la resurrección del guerrero Corinaya, pero, ¿para qué resucita Corinaya, ese héroe de las transformaciones y los cambios que puede también simbolizar el tiempo? Resucita no para salvar a nadie  ni para ser salvado, sino para ser burlado, ironizado y fustigado por la voz que habla en el poema desde el presente, a lo largo del apartado “La resurrección de Corinaya”. El tono de este arpegio es fuerte y hasta cierto punto despiadado:
¡Levántate y anda! Miserable hijo de hombre,
¿En dónde están tus vestigios?
¿Por qué hurtaste mi historia para venderla
en el mercado de los seres?
¿A dónde huyeron tus estatuas de caoba?
¿En dónde navegan tus barcas lacrimógenas?
Este poema, construido a través de la pregunta, pareciera desagradecido con la memoria histórica de ese guerrero criollo, pero el poder es inherente a todo “Miserable hijo de hombre”. Fíjese en esos puntos de fuga de la pregunta demoledoras de la conciencia histórica de  “alguien” que resucita para ser fustigado. Esto es lo bello de la poesía: se formula otras preguntas, invita a otras respuestas, y la metáfora final de los anteriores versos citados es desoladora: “¿En dónde navegaron tus barcas lacrimógenas?”. Aquí pensamiento y poesía se entrelazan, como en las reflexiones de la ensayista española María Zambrano, quien igual se interroga en “Pensamiento y poesía”:
¿Qué raíz tiene en nosotros pensamiento y poesía? No queremos de momento definirlas, sino hallar la necesidad, la extrema necesidad que vienen a colmar las dos formas de la palabra. ¿A qué amor menesteroso vienen a dar satisfacción? ¿Y cuál de las dos necesidades es la más profunda, la nacida en zonas más hondas de la vida humana? ¿Cuál la más imprescindible?
Poesía y filosofía se reencuentran a través de la pregunta surgida de las “necesidades más profundas”, de un decir que es un hablar en voz alta. En este libro de Carlos Arturo Gamboa el habla interrogativa fustiga y quema la voz del presente en los personajes con nombre propio o enmascarados en las alusiones que el lector debe inferir. En suma, este libro teje la memoria a través de un conjunto de voces anónimas, orilladas en la historia. La poesía misma llega a ser pérdida de lo vital espiritual, expulsada de la memoria colectiva para ser “una sombra / al final del siglo luminoso”. Si la poesía fue una dádiva en la época clásica, hoy se aloja en la metáfora del oficio de las sombras, como si su labor terrenal fuera el de ocultar la luz al final del túnel. De ahí la tremenda ironía que erige este libro haciendo de la poesía su propia víctima. Es como si alguien aquí escribiera un libro de poesía para negar la poesía: “El poeta: ¡perfecto diseño para / falsear el mundo!”. Pero nada es el poeta si en sus entrañas no resuena –parafraseando a Walter Benjamín- el sordo aleteo del Ángel de la Historia. Este es un libro que celebra irónicamente a la historia. Mi lectura es una aproximación, para que los lectores que me continúen hagan también la suya. Libros como 5 arpegios en clave desolación, se abren a múltiples posibilidades de lectura.